Espacio literario de J.Santos B. (Sin Saber el Por qué de las cosas, O quizás sabiéndolo. El Sin, sin Con, Nos lleva al Adiós.)

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27-E: Periferias en Diagonal

Un día discutía la Bruja Avería con Epi de barrio sésamo. Gano la bruja avería. La de “sól@ no puedes, con amig@s sí”. Pues eso, que nos vemos el 27, quien pueda, por los Lavapiés en el local de Diagonal.

Pues normalmente no pisamos mucho por el centro de Madrid, por lo menos, de manera colectiva. Pero la oportunidad la merece. Hacerlo en el local del Periódico Diagonal y aprovechar para que no tengáis excusas de la lejanía, ni de la hora. Además como siempre, habrá micro abierto, para que entre tod@s hagamos lo que al final quede en nuestros recuerdos.

Un espectáculo lleno de Poesía, Arrebatos, Proyecciones y música en directo

Lo dicho, no hay nada como comenzar el año en moviento y además acompañad@s de amig@s.
¿Os apetece? Pues seguro que a alguien cercan@ a tí, también. Invítale, es gratis, y además, bueno. Porque lo bonito, en ocasiones es barato. Y las pelas te las dejamos para que te tomes unas cañas, vinitos, o mostos, según gustos personales.
¡Recuerda. HAY Micro Abierto para tí!

H

¡Hasta aquí hemos llegado!

Nos queda la letra ladrona de sonido.
La inútil.
La de los negativos y las correcciones en rojo.

La que usurpó al castellano antiguo de la dulzura
de las F silbantes.

Y en mayúscula, para mayor agravio.
Sin la vergüenza del vacio.
Y la enjundia de quien se sabe vencedora.

Habrá que recordarla que sólo tiene sentido
cuando juega acompañada.

Pena la pobre herencia
de fenicios, griegos y romanos.

Pena que Historia
comience con H.

Hi

Siquiera, un mísero hola desconocido,
de esos que vas soltando a doquier
sólo cuando eres abuelo o niño,
nos hizo retorcer nuestras cabezas.

[Supuestamente estamos acostumbrados
y nos jactamos de ser capaces de llegar a los pueblos,
y entendernos con los susodichos
sin mayor problema que sus acentos.


Que seguimos siendo capaces de correr tras una pelota,
y que todavía, si las peonzas no fueran de plástico,
conseguiríamos alzarlas bailando sobre nuestras manos.
Incluso con un preciso toque de altanería,
colar un chivín en el guá y llenarnos los bolsillos
con todas las canicas de nuestro amigos.
Incluido el ojo de gato.

¡Ja!
Seguro que nos mirarían aquellos abuelos de la taberna
con la preocupación de ese que saben que anda por el mundo
como si ya hubiera pisado la piedra que le hará torcerse el tobillo]

Avanzamos a la espera de no enfrentar nuestros hombros.
Esquivamos las discordias y concordias,
para llegar al segundo exacto antes de que la puerta Z
se cierre en nuestras narices.

Ni holas, ni adioses…
Ni miradas.

Mientras,
al fondo del anden
una persona se levanta cada vez que llega un metro
y se vuelve a sentar cada vez que se vacía.
Mirando con los ojos tendidos
el devenir de las escaleras mecánicas.

 

Loe

Lo sabíamos:
Cuando las últimas caricias lloraban la mañana,
que pasado,
cuando aceptáramos esto.
Lo recordaríamos
como esos anuncios.
Con gusto,
pero sin recordar la marca.

Organizamos los tiempos
y escogimos el minutero más rápido.
Los desplazamos un par de horas hacia delante,
y nos comimos el postre, hambrientos
Dejando los restos en el molde,
desmigados.
Tan sólo,
porque nos daba vergüenza cogerlos con lo dedos para llevárnoslos a la boca.
Tanta,
que siquiera conseguimos saciarnos.

¡Escucha!, gritábamos afónicos de miedo
suspirando,
enclaustrados entre los olores
Porque sabíamos que la sinrazon nos llevaría a la posibilidad
de otro menú barato en forma de fast food
cuyo sabor nos hiciera salivar tanto que
olvidáramos sus propiedades.

Logramos olvidar el…

Dnsa

En la televisión un niño chapotea sobre un jardín.
Un programa de esos raros, para poca gente rara.

 

Las ventanas crujen de frío
seguro que más allá, camino abajo,
alguien sueña con recoger flores nocturnas.

 

No hay espera, en el mientras tanto.
El insomnio ha conquistado el día,
y el chocolate ya no consigue endulzar,
ni sustituir al sexo.

 

Los tranvías pujan por conquistar los campos.

 

El niño de la televisión ahora es otro,
y la gente rara gime y le socorre de una guadaña.

 

Dudamos si adornar las ventanas con fieltro.

- Ya sé, no hay forma de engancharlo.

- ¿seguro?.

La verdad,
no sabemos como,
pero es bonito.

 

Opaco, endulza el sol del atardecer.

 

El billete de ida y vuelta,
fue donado a una ONG en una estación vacía.

 

Ya no hay niño en la televisión
y la ventana espera recobrar mejores vistas.

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