Dnsa
En la televisión un niño chapotea sobre un jardín.
Un programa de esos raros, para poca gente rara.
Las ventanas crujen de frío
seguro que más allá, camino abajo,
alguien sueña con recoger flores nocturnas.
No hay espera, en el mientras tanto.
El insomnio ha conquistado el día,
y el chocolate ya no consigue endulzar,
ni sustituir al sexo.
Los tranvías pujan por conquistar los campos.
El niño de la televisión ahora es otro,
y la gente rara gime y le socorre de una guadaña.
Dudamos si adornar las ventanas con fieltro.
- Ya sé, no hay forma de engancharlo.
- ¿seguro?.
La verdad,
no sabemos como,
pero es bonito.
Opaco, endulza el sol del atardecer.
El billete de ida y vuelta,
fue donado a una ONG en una estación vacía.
Ya no hay niño en la televisión
y la ventana espera recobrar mejores vistas.







