H
¡Hasta aquí hemos llegado!
Nos queda la letra ladrona de sonido.
La inútil.
La de los negativos y las correcciones en rojo.
La que usurpó al castellano antiguo de la dulzura
de las F silbantes.
Y en mayúscula, para mayor agravio.
Sin la vergüenza del vacio.
Y la enjundia de quien se sabe vencedora.
Habrá que recordarla que sólo tiene sentido
cuando juega acompañada.
Pena la pobre herencia
de fenicios, griegos y romanos.
Pena que Historia
comience con H.







